La evaluación del conocimiento: un reto para la integración social

Esta entrada es un resumen de la entrevista realizada por Francisco CerveraManuel Mellado en el programa  de radio Qué está pasando en nuestras aulas.

Manuel: Hola Paco, un saludo a nuestros y nuestras oyentes. Hoy voy a tratar uno de los temas que más problemas de conciencia y preocupaciones me ha provocado en toda mi trayectoria profesional: la evaluación del alumnado.

Tradicionalmente la evaluación, por medio de la calificación, y la titulación ha sido y sigue siendo un potente mecanismo de selección y segregación social. Aprobados y suspensos, titulados y no titulados que han  ido apareados a ocupar o no ocupar determinados puestos profesionales o representativos a nivel económico o político. La escuela ha sido y es en este sentido una máquina de discriminación y de selección de las personas que propicia y resuelve este problema que contradice el principio de que todos los seres humanos somos iguales y se nos debe juzgar por nuestros méritos reales y no por medio de titulaciones a las que no se ha podido optar en igualdad de condiciones.

Nuestro sistema educativo democrático, por medio de su concepción comprensiva (obligatoriedad para todos y todas de los mismos años y currículo) y las medidas compensatorias  para favorecer la equidad intenta paliar esta situación de partida desigual pero evidentemente no puede conseguirlo. Es un tema social y político conseguir que el acceso y las condiciones de permanencia en el sistema educativo sean mínimamente equivalentes para todo el alumnado.

Paco: Entonces, ¿tú crees que no se debe evaluar al alumnado?

Manuel: Por otro lado, la sociedad necesita saber quiénes se esfuerzan, quiénes adquieren  conocimientos y además tiene que valorar los esfuerzos de todos y todas los y las que lo hacen por lo que la evaluación es necesaria en este sentido.

Tradicionalmente la evaluación se ha basado mayoritariamente en un solo instrumento,“el examen” que de forma experimentada desde todos los puntos de vista del ámbito científico  se ha demostrado que no mide lo que pretende: ni los contenidos asimilados, ni las destrezas o competencias adquiridas. Sólo mide de forma clara los contenidos retenidos sobre la materia estudiada en el momento de la realización del examen. Es un índice muy pobre para tomar decisiones sobre la capacidad de una persona para realizar un trabajo complejo en el que intervienen conocimientos, destrezas, competencias, emociones, etc.

En estos momentos, excepto en la administración pública en la que permanecen activas las famosas “oposiciones” pocas profesiones se contentan con un examen para seleccionar su personal y recurren a otros elementos como: currículo, entrevistas, pruebas prácticas, periodos de prácticas, etc.

Paco: ¿Qué instrumentos propones para evaluar de forma más adecuada?

En la escuela e institutos la propia ley nos exige que modernicemos nuestro sistema de evaluar y vayamos abriéndonos a otras  herramientas de evaluación además del examen para tener un conocimiento más profundo de los aprendizajes de nuestro alumnado.

Una de estas herramientas es el Portafolio. Si nosotros queremos valorar ahora a un arquitecto, un ingeniero, un pintor, un abogado… no buscamos sus notas en la carrera, miramos su obra como profesionales. En la escuela podemos ir recogiendo muestras reales de trabajos realizados por nuestro alumnado en los que se refleje claramente que han conseguido los objetivos que se les había planteado en esa materia.

Cuando se trata de valorar procesos, por ejemplo,si un alumno habla bien en público; podemos elaborar una rúbrica o cuestionario para valorarlo en la que señalemos los diferentes elementos que ha tenido que demostrar en su exposición:  si  ha estructurado el discurso coherentemente,  la corrección en la dicción, el lenguaje no verbal empleado, si ha realizado una buena presentación y  una despedida adecuada… Este tipo de instrumentos tiene una ventaja fundamental cuando el propio alumnado se evalúa con la rúbrica.  El proceso se llama metacognición y les permiten saber dónde se han equivocado y qué esfuerzos tienen que realizar para mejorar. Es la competencia de aprender a aprender. Aprendemos más cuando sabemos lo que sabemos y lo que nos falta por aprender.

Elaboración de proyectos, escalas de valoración, la observación directa del trabajo por el docente, simulaciones de casos  y  los mismos exámenes realizados de diferentes formas más abiertas pueden combinarse para que nuestra valoración del alumnado sea más objetiva y justa y a la vez cumpla el objetivo marcado por nuestra normativa que dice que la evaluación debe ser formativa. También nos obliga a valorar los contenidos de las asignaturas por un lado y por otro si han conseguido desarrollar los niveles competenciales que se han marcado para su curso y edad. Medir las competencias es más complejo y evidentemente no se puede hacer con exámenes. Solo se puede valorar cuando se ejecuta en la práctica.

Paco: La situación está complicada para el profesorado en estos momentos.

 Efectivamente,  en estos momentos vivimos un tiempo de tránsito en el que se mezclan y confunden diferentes conceptos: evaluación que puede entenderse con lo que hemos explicado. Pero luego hay que calificar que quiere decir que la evaluación que hemos hecho del trabajo del alumnado hay que cuantificarla con una nota numérica, este tema se complica porque durante un curso se trabajan muchos temas y hacer medias no siempre es lo más justo y acertado. Y por último al profesorado nos queda la obligación de decidir si el alumno promociona de curso o no y si titula o no si está al final de la etapa con lo que volvemos al principio de la intervención se nos exige seleccionar o segregar al alumnado. De esa forma partimos de la inseguridad de conocer si hemos evaluado bien o no y desde la conciencia de que nuestra decisión va a determinar en parte el futuro de las personas.

El colectivo de docentes debe realizar un gran esfuerzo para conseguir articular procedimientos para evaluar, calificar, promocionar y titular que conjuguen de la forma más justa  y equitativa posible los méritos individuales, paliando en lo posible los efectos segregadores que podemos provocar con nuestros juicios.

Tenemos que ampliar nuestras ideas de evaluación incluyendo nuevas herramientas y procedimientos para medir los conocimientos adquiridos y las destrezas desarrolladas. No podemos conformarnos con saber las notas de los exámenes para valorar a nuestros chicos y chicas.

Photo by Glenn Carstens-Peters on Unsplash

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *